Cuando vimos, mas que oímos, por primera vez a Diana Krall nos desconcertó un poco su imagen de chica cool . Nada que ver con el glamour racial y el abordaje básicamente sexual de las cantantes de jazz de toda la vida. Sin embargo no fue más que un trompe d'oeil , un trampantojo, que nos hizo ver lo que no había. Diana Krall en realidad apenas se había apartado de la vía tradicional; más fría, quizás; rodeada de mercadotecnia, posiblemente... Pero una cantante de jazz, al fin y al cabo.

Las cosas, después, han sido de otra manera. En afortunada expresión del crítico norteamericano Dan Oullette, hay algo nuevo en el aire, con un nuevo paradigma que emerge. Un grupo de jóvenes cantantes ha irrumpido en el mundo del jazz con un estilo contemporáneo que no es, necesariamente, smooth o groove; que habla con actitudes y formas del presente pero que se inspira mucho más en Joni Mitchell y en Carole King que en Fitzgerald, Vaughan o Billie Holiday. Una música accesible y de estética claramente pop, cuyo ingrediente clave es la expresión sensualizada de la composición, ya se trate de obras propias o de viejos o nuevos standars . Podríamos incluso decir que eso no es, en realidad, jazz; pero la historia demuestra que el jazz siempre ha superado ese tipo de diques estilísticos y, en definitiva, tanto ellas como su público, y por supuesto el mercado, afirman que eso es jazz; más aún, que eso es lo que quiere ser el jazz .

Estamos en posición privilegiada para comprobarlo durante los próximos años. Por lo pronto, una chica como Norah Jones ha colocado millones de discos vendiéndose como cantante de jazz, aunque en su caso las fuertes conexiones con el mundo del folk-pop, anteriores a su éxito, difuminen un tanto su imagen en el mundo del jazz (Aunque no podemos olvidar que en los polls de 2004 ha obtenido igual número de votos que Dee Dee Bridgewater, Shirley Horn o Cassandra Wilson). Pero tras ella desembarca toda una pléyade de voces de nuevo cuño: Desde la ya asentada Jane Monheit a rampantes primerizas como Ann Hampton Calloway , Rebecca Martin , Erin Bode , Jillian Lebeck , Madeleine Peyroux , Renee Olstead o Claudia Villela.   Jane Monheit , con 26 años y cuatro CDs en el mercado, dice claramente que no se siente influida por Billy Holiday, aunque su música siempre le ha parecido plena y emocionalmente intensa. Por el contrario reconoce sus raíces de Broadway y su interés por la música de Carole King, Bonnie Raitt y Joni Mitchell. Le interesa, sobretodo, ser capaz de integrar esta música que ama. Ann Hampton Calloway tiene claro que la gente opta por cantantes que cuenten historias porque en el fondo, a despecho de los medios actuales de comunicación, la gente se siente sola. Por ello fundamenta su trabajo en la composición de textos y en la elección de autores como Lins o Jobim, aparte, por supuesto, de la omnipresente Carole King, con quien incluso ha colaborado en su reciente album, Slow .

Rebecca Martin cree sinceramente que una de las características de la nueva generación de cantantes de jazz es, precisamente, esa tendencia a llevar a la música hacia un lugar más íntimo. Procedente también del campo de lo que podríamos llamar cantautores , guitarrista y muy cercana al estilo de Norah Jones, ha debutado con People Behave Like Ballads , un álbum con 16 poéticas composiciones originales arregladas al modo jazz-infused , sensible y accesible. Renee Olstead , por el contrario, ha salido al mercado con una opera prima repleta de standars de los años 50 y 60, interpretados con la falta de respeto que se supone en sus apenas 16 años. Madeleine Peyroux también ha optado en su disco de debut, Careless Love , por seleccionar standars , aunque en su caso se trate de obras de autores como Bob Dylan o Leonard Cohen. La voz de Madelein sí tiene un evidente sabor al sonido de Billie Holiday, pero la forma de enfrentarse a los temas se mantiene en el entorno folkie de sus compañeras de generación. Algo parecido podemos decir de la pianista y cantante canadiense Jillian Lebeck y su debut Living in Pieces , a pesar de que un buen número de cortes del disco sean instrumentales.

Por su parte, Caludia Villela , brasileña afincada en California, es quizás la que ha facturado el disco más periférico respecto al nuevo paradigma del jazz vocal femenino, Dreamtales.   Es posible que estas sean las voces que irán ganando la escena del jazz en los próximos años. Si es así, el cambio se habrá consumado y las raíces del nuevo jazz vocal vendrán tanto del blues y las grandes cantantes de mitad del pasado siglo, como del pop de los setenta y ochenta. Suponemos que ellas seguirán teniendo en cuenta a Fitzgerald o Holiday, pero de lo que podemos estar seguros es de que aman a Carole King.

José M. Visedo

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