Cuando se hizo público el programa del Festival de Jazz de Granada en el año 2002, un nombre sonó con insistencia entre los obligatorios e imperdibles, bajo pena de excomunión: Joe Zawinul. ¿Joe qué? ¿Quién es ese tipo? ¿De dónde ha salido? La central de recopilación de datos se puso en funcionamiento para completar un curriculum de urgencia. Nombre: Joe Zawinul. Edad: setenta años. Lugar de nacimiento: Viena. Lugar de residencia: el mundo entero. Profesión: músico, en el más amplio y completo sentido de la palabra. Género: casi todos, desde el jazz y el jazz fusión, al rock y al pop, pasando por ser, con su grupo Weather Report, el auténtico impulsor, sino creador de la hoy cotizadísima World Music. Instrumento : teclados, sintetizadores, voz. Ultimo disco publicado: “Faces & Places”. Reconozco que, en mi proverbial incultura musical, eso de Weather Report sí que me sonaba. Pero no le ponía yo música a ese sencillo sonar . Y cuando, tras activar ese servicio de conexiones que me es tan querido, resultó que nombres como los de Wayne Shorter, Victor Bailey, Richard Bona o Jaco Pastorius estaban íntima y estrechamente vinculados al de Joe, un gran e inevitable rubor me tiñó de rojo hasta las pestañas.
Viernes 15 de Noviembre. 8 a.m. Como todas las mañanas, comienzo la jornada laboral al son que marca J.M. López en su esencial Discópolis. “Amigos, si creéis todavía en la creatividad, en la fuerza, en el amor a la música y en la pasión, no dejéis de ver esta noche el concierto de Joe Zawinul en Granada. Lo que hizo anoche en Madrid ha pasado ya a los anales de la mejor historia de la música interpretada en vivo en este país” . Alberto, buen amigo además de compañero de trabajo, de montaña y de conciertos, una enciclopedia musical viviente, me amplió información: “ha llamado al programa uno que estuvo anoche en el concierto y dice que fue una pasada total. Lo mejor que ha oído en mucho, mucho tiempo”.
En expectante estado, incluso con un punto de escepticismo (¿sería capaz el tal Joe cumplir tanta promesa?) me planté esa noche en mi butaca, acompañado de Alberto y una Alicia a la que había intentado transmitir tanto entusiasmo como me había sido posible. Se apagan las luces del Isabel la Católica y, sin aspavientos ni parafernalia de ningún tipo, sale a escena un grupo de tipos de lo más variopinto: Etienne, camerunés, al bajo, Amit, indio de Calcuta, a la guitarra, Manolo, puertorriqueño, a las percusiones, Paco Sery, de Abidjan, Costa de Marfil, a la batería y un Zawinul que, tocado por un multicolor y sencillo gorro moruno de lana, se lanzó, ávido, sobre sus teclados para dar comienzo al que ha sido, sin duda, uno de los más memorables conciertos que he disfrutado en mi vida. Y he estado ya en unos cuantos. Tras un primer tema más o menos tranquilo, de esos que sirven para abrir boca, salió a escena Sabine Kobongo , congoleña. Y nos hipnotizó a todos con su voz sensual y evocadora, con la cadencia de su baile, con su imponente presencia. La conjunción de cuatro continentes representados sobre un único escenario se apoderó con fuerza del teatro. Los sonidos más tradicionales y apegados a la tierra se mezclan con los futuristas sintetizadores en un perfecto ejercicio de fusión. A un tema rotundo y poderoso de todo el Sindicato tocando todos a una, sigue un intimista y vibrante dueto entre Joe y, por ejemplo, Paco, con una pequeña mbira (el sorprendente piano de pulgares, también conocido como sanza ) en sus hábiles manos. O entre Joe y una Sabine, que desgarra un espiritual clásico como si de Billie Holiday se tratara. O entre Joe y Etienne, que toca el bajo con guantes, imagino que para proteger sus dedos del castigo al que los somete cada noche con esa forma, sublime y rotunda de tocar que tiene; o un mano a mano con Manolo , viejo compañero de fatigas desde los años de Weather Report, al djembe ...
Tras dos horas mágicas, en mitad de un aplauso atronador, el grupo se retira exhausto y nosotros, anonadados, abandonamos lentamente el patio de butacas para lanzarnos a un bar en que poder empezar a decir eso de “yo estuve allí”, aunque sea a los propios compañeros de concierto. Y es que, cuando dentro de un mes se hable de la vuelta de Zawinul a Granada, Alberto, Alicia y yo, podremos presumir: - Yo vi al Sindicato aquel memorable 15 de Noviembre. No veas, tío, qué fuerte, qué maravilla, qué pasada de concierto. Yo estuve allí. - Hasta entonces, como podría decir un jedi: “Joe Zawinul, que la fuerza te siga acompañando.”
Jesús C. Lens Espinosa de los Monteros
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