Salobreña, 1997. Era el primer concierto de una larga gira europea de presentación de un nuevo grupo conformado por el compositor cubano Juan de Marcos y el guitarrista estadounidense Ry Cooder: Buena Vista Social Club, con músicos cubanos de la talla de Rubén González, Omara Portuondo, Orlando Cachaito López y un largo etcétera. Al conjunto lo habíamos programado con dos meses de anticipación, para un lunes de finales de julio, venían a taquilla después de una larga negociación –apenas si teníamos presupuesto - y llegaban directamente desde Cuba.

Al atardecer, con algo de brisa fresca llegada desde el mar, comenzamos la prueba de sonido en el escenario del castillo. Entre tanta estrella musical cubana, incluida la planchadora del grupo que cantaba de maravilla, me llamo la atención un cantante extremadamente delgado, de caminar lento, con una gorrita de cuadros, con unas excepcionales cualidades vocales para interpretar lo mismo un son que un romántico bolero, y unas exquisitas maneras de caballero de antaño: Ibrahim Ferrer.

En la cena, tras los ensayos, sentado a su lado, saboreando unos sorbos de un alabado Ron Pálido de Motril, nos habló algo de Cuba, de su familia, de su amor por la música de pequeño, de sus penalidades como limpiabotas para sobrevivir.

Nacido el 20 de febrero de 1927 en la provincia de Santiago de Cuba, llegó al mundo de una manera muy singular, ya que su madre dio a luz en un salón de baile . Fue el cantante principal de la orquesta cubana de Pacho Alonso en los años cincuenta. Fue también artista invitado en orquestas que hicieron leyenda como la Orquesta de Chepin y la de Benny Moré. Y aunque su música contaba con un número cada vez mayor de seguidores, los grandes maestros lo buscaban y su nombre era ya bastante conocido en los más importantes círculos musicales de Cuba, Ferrer decidió renunciar a todo al final de la década de los años ochenta y ni sus más cercanos amigos supieron qué pasó con él. Muchas veces se le vio lustrando zapatos en las calles y su antigua casa la cambió por una pequeña pensión donde se encerró retirado del mundo y de toda actividad musical hasta su incorporación al proyecto de Buena Vista Social Club.

...Y se le veía feliz, a pesar de las penalidades, feliz de haber vivido una hermosa vida y contento, junto a sus compañeros de grupo, por un éxito tardío y sobrevenido del que disfrutaban con una alegría y vitalidad envidiable. Una esplendida juventud recobrada, premiada con Grammys y numerosos discos de oro en todo el mundo.

Bajo la luz de una hermosa luna, en una noche especial con una perfecta banda sonora, todos disfrutamos de uno de los conciertos más bellos que recuerdo. Seguramente ibrahim ya este en ese trozo de cielo reservado a los grandes músicos de la isla de Cuba y del mundo, junto a sus compañeros Compay Segundo y Rubén González y tal vez, cuando cante uno de sus boleros románticos, una estrella brille y se escuche un hermoso murmullo en el silencio de una noche azul, como la canción que cantaba aquella noche de Salobreña, inspirada en las antiguas películas de amor de Hollywood:

Hay un suave murmullo

En el silencio de una noche azul
Son dos enamorados
Que, encantados, gozan del amor. 

Y ríe la vida y qué dice así: ahh,ahh…
Y ríe la luna y qué dice así:uhmm, uhmm…

Jesús Villalba

Discografía básica

Buena Vista Social Club presenta:
Ibrahim Ferrer

Buena Vista Social Club

La colección cubana:
Ibrahim Ferrer

 

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