En el mundo del disco, la crisis no fue ninguna novedad, el pirateo ya la castigaba muy duramente desde hace años. Tal vez por eso ya se ha producido una "selección natural" en la que los más decididos se las ingenian y, a veces, logran capear los temporales económicos que hoy azotan a las empresas de todo tipo. No por ello deja de ser una aventura tan excitante como azarosa dedicarse nada menos que a la producción de discos de jazz. Pero alguien tenía que hacerlo, sobre todo ahora que por fin el jazz español cuenta con un gran número de grandes talentos que han elevado su nivel a cotas antes sólo alcanzadas en casos más o menos dispersos de genialidad individual.
El caso de Produccions Contrabaix es especialmente admirable, y las novedades de su catálogo hablan por sí solas: Guillermo McGill Quartet ; Lluis Vidal & Dave Douglas ( Mompiana ); Carme Canela ( Sencillos deseos, con Gorka Benítez, Dani Pérez, David Xirgu...); Tete Montoliu & Javier Colina (sesión inédita de 1995, premiada por varias revistas de jazz), Perico Sambeat Flamenco Big Band (con Gerardo Núñez, Carmen Cortés..., mejor disco del año para la Revista Jaç), Armand Sabal-Lecco ( Rhytmosphere ), o Caminhos Cruzados , el disco que aquí se reseña (y también ya ha sido premiado por la prensa).
Un disco entero a dúo entre un piano y un contrabajo es algo así como "la prueba del algodón": o resulta un latazo inaguantable, o es una obra maestra, no hay punto medio. Por suerte, estamos ante el segundo caso. El pianista Albert Bover y el contrabajista Horacio Fumero, dos músicos que se las saben todas en cualquier estilo y están en su mejor momento vital y profesional, se reunieron para una especie de brainstorming musical donde se funde la riqueza del jazz de ayer y hoy con los perfumes de exóticas periferias, en un repertorio aparentemente variopinto que va desde Wayne Shorter ( Fall, Virgo ) al tango ( El corazón al sur ) y un tema monkiano más monkista que el Monk, y también inspiradas composiciones propias de ambos maestros, para aterrizar en el muy jazziano Jobim que da título al disco. Un emotivo viaje por la fantasia y la espontaneidad, que recuerda un poco los experimentos de Chick Corea con Gary Burton en los setenta, no por el tipo de música (que es más cálido y jazzero, aunque la sombra del mejor Corea se deja sentir alguna vez en los dos temas shorterianos y en Carancho, compuesto por el propio Fumero), sino, sobre todo, por la forma de enfocar el trabajo en dúo. Han sabido mantener una variada imprevisibilidad en ambos instrumentos y la forma de combinarlos. Delicados pero siempre incisivos, nos van llevando de sorpresa en sorpresa con engañoso desenfado, sometiendo al oyente a una seductora tensión entre dinamismo y recogimiento. En cuanto al emblemático Caminhos cruzados , es un versión realmente admirable que ha sabido sacar a flote todo el inexplorado trasfondo jazzístico de esta balada, poco interpretada, del inigualable Tom Jobim.
En resumen, un disco de lujo que puede saborearse decenas de veces, ofreciéndonos siempre nuevos matices y colores, como los buenos whiskies.
Antonio Pamies
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Caminhos Cruzados
Horacio Fumero & Albert Bover
Contrabaix, 2008
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