foto: Carlos Pericás

 

 

 

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

 



L
a relación entre cine y jazz no se limita a la temática o la
banda sonora de las películas, éstas a su vez han inspirado proyectos musicales, como los que Dave Douglas ( Keystone ), la Big Band de Viena o Mike Mossman presentaron en Granada, en que se pone música a lo que se proyecta en pantalla, tal como hizo Miles Davis cuando grabó sobre la marcha el inigualable Ascenseur pour l'échafaud para Louis Malle. Aun así ¿quién había de decirle a Eric Rohmer, cuyas películas carecen voluntariamente de música, que su obra iba a inspirar fuera del cine la composición de una suite digna de las mejores bandas musicales de Hollywood? Con este "proyecto", el experto baterista Gonzalo del Val, con multitud de grabaciones a sus espaldas como sideman de lo mejor del jazz nacional, se lanza a la aventura de la dirección y la composición, con seis piezas de gran belleza y originalidad. Su ópera prima como líder es tan sorprendente como exquisita, y no es, como podría parecer, la ilustración musical de las películas a las que aluden los títulos ( La panadera de Monceau; La carrera de Suzanne; Mi noche con Maud; La coleccionista, La rodilla de Clara, El amor después del mediodía ), sino más bien lo contrario: tal vez podamos ahora verlas de nuevo como si ésta fuesen adaptaciones cinematográficas de este disco.

Pese al obvio lucimiento de los saxofonistas (Jon Robles & Miguel Fernández) que ocupan el primer plano, las piezas se apoyan sin embargo en la gran sofisticación y creatividad de la base rítmica, desde el sutil juego de platillos a lo Tony Williams del propio líder, al swing tan comedido como permanente de las dos secciones que se alternan, entre ellas el atrevido contrabajo de David Mengual o el inconfundible piano de Iñaki Sandoval. Las composiciones rebosan de sensibilidad y elegancia, con unos arreglos vagamente mingusianos, con diversas partes y cambios de ritmo que contribuyen a crear esa sensación de que te están contando realmente una historia. Llama la atención la presencia de una narración sobrepuesta a una inspirada improvisación libre de Albert Marquès al piano. Especialmente interesante resulta la forma de concluir, ya que, en la última pieza el saxo tenor improvisa a dúo con el batería, al estilo de Sonny Rollins y Elvin Jones en sus mejores tiempos, y la orquestra sólo entra para recobrar el tema al final. De hecho, la composición es quizá la más evidente de las muchas virtudes de esta propuesta. Las baladas, por ejemplo ("La coleccionista", "La rodilla de Clara"), son en este sentido verdaderas joyas, que confirman a Gonzalo del Val como un músico completo, y un líder ambicioso que tiene mucho que aportar al jazz español. También es digno de elogio el hecho de la Obra Social de la Caja de Burgos haya apoyado esta iniciativa, un ejemplo del que deberían tomar nota sus homólogas de otras regiones españolas.

Antonio Pamies


  Seis cuentos musicales
Gonzalo del Val Project

Freecode Jazzrecords, 2009



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