FESTIVAL INTERNACIONAL DE JAZZ DE GRANADA 2007

Granada, noviembre de 2007.

El Festival de jazz de Granada llegó este mes de noviembre a su XXVII edición con un mes repleto de actividades (64) y que terminó el mismo 30 con el llamado Cervezas Alhambra Blues Festival. En torno a 20.000 personas pasaron por sus conciertos que en la programación central se realizaron a lleno completo.

Las actividades fueron anticipadas por el Universijazz que en su XV edición presento el proyecto de crooner-rat pack del cantante holandés David Martin. Pero sería el día 3 de noviembre cuando comenzó el Festival con el concierto conjunto de la Orquesta Ciudad de Granada y la Granada Big Band, y aunque el programa escogido nos dio la oportunidad de escuchar las dos versiones de la ‘Rhapsody in blue', según Ferde Gofré y Billy Strayhorn, poco más hubo en común entre las dos orquestas que el director invitado para el concierto, Jonatha Waleson, que al final no reclamó a la Big Band para recibir los aplausos. Muy diferente fue la presencia de la Viena Art Orchestra y su concierto audiovisual sobre las estrellas de cine euroamericanas: inapelables en fondo y forma, y es que 30 años juntos se notan y mucho. Medeski, Martin and Wood destaparon la caja de los truenos en el Festival; su concierto se realizo con el pedal pisado a fondo desde el primer minuto aún a riesgo de apabullar, pero enfrente los amigos de las emociones fuertes disfrutaron a lo grande, el resto se agarró a un recio pero ortodoxo ‘ Blues for another day' y un sensibilísimo ‘Hey Joe' absolutamente invertido desde el original.

Ron Carter

 

Obviamente los que consideraban lo de Medeski y cia como excesivo supieron valorar la inmensidad de Ron Carter y sus Foursight, toda una lección de clasicismo y saber estar en el escenario dedicada in memoriam a Miles Davis. Su concierto fue una suerte de pausado largometraje inicial de 60 minutos donde entraban y salían las melodías con una naturalidad absoluta, y algunos cortos añadidos, con un sonido amplio y señorial con la majestuosa voz de su contrabajo impregnando una actuación sin exigir ningún protagonismo excepcional, cedido al malabarista Stephen Scott en el piano, un músico para el que menos siempre será más, el fiel y discreto Payton Crossley en la batería y el percusionista Rolando Morales, el más joven del grupo y al que se le permitían todo tipo de añadidos e intervenciones desde su amplísimo set de percusiones exóticas.

En la segunda mitad del festival se pudo constatar que Michel Camilo conoce también términos como contención y mesura, al menos en la primera parte de su concierto (inspirada por su disco ‘Spirit of the moment'), encajado perfectamente en el ingenioso Chales Flores y el motor turboalimentado de Dafnis Prieto. El dúo temporal formado por Richard Galliano y Gary Burton desplazaron a Granada la imaginería sonora francesa, casi siempre a ritmo de vals, aunque con citas recurrentes al admirado por ambos Astor Piazzolla; aunque uno no habla francés y el otro tampoco inglés, en el escenario se entendieron perfectamente.



Chucho Valdés

Los dos últimos conciertos del programa tropical de esta edición trajeron al festival de invierno a Oregón, que el año pasado habían actuado ya en el de verano; Towner, McCandless y amigos siguen creando en cada una de sus actuaciones atmósferas inigualables, con delicados equilibrios entre lo escrito y lo improvisado, el jazz y las músicas de diferentes culturas, con un estilo propio e inconfundible lleno de matices. En este caso interpretaron un repertorio novedoso y con pocos recuerdos al pasado, ya que de sus números históricos, de esos que le suenan a todo el mundo porque han formado parte de todo tipo de sintonías sólo se pudo escuchar ‘Ecotropia', ‘Green & Golden' y sobre todo ‘Distant Hills'; el resto de lo que sonó era de producción reciente, tanto que una pieza fue improvisada sobre la marcha. Y por último Chucho Valdés cerró las actuaciones en el Teatro Isabel con su colección de clásicos cubanos; su concierto comenzó y terminó invocando a los dioses del jazz, primero a Duke Ellington con la elaboración ‘a la cubana' de dos estándares como ‘Satin doll' y ‘Caravan' y dejando a Miles Davis y su ‘Solar' para terminar. Pero entre medias fueron los dioses afrocubanos, los santeros orishas los que mandaron con sus cueros y tambores. Chucho tuvo canciones para su abuela Caridad Amaro, precisamente la bella pieza que interpreta en la película ‘Calle 54', y recientemente también ha compuesto un homenaje para su compañero “ y maestro ” ,dijo de Joe Zawinul. El resto fue su habitual al que colabora su hermana Mayra Caridad, que finalizó haciendo bailar a todo el público un chachachá.

Textos y fotos: Juan Jesús García

 

 

 

 
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