:

 

 

 

 

 

 

 


ECINE

 

 

 

 

EL CORAZON DEL ÁNGEL

Había estado viendo “Nostalgia del hogar”, la película de Martin Scorsese en que el bluesman Corey Harris, acompañado de su guitarra, recorre el sur de los Estados Unidos, visitando algunos de los paisajes más reconocibles de la música afroamericana, y me quedé con ganas de más.

De inmediato, un nombre se me vino a la mente: Harry Angel. O, lo que es lo mismo, Mickey Rourke.

Porque, si bien “El corazón del Ángel” está dirigida por Alan Parker y, en su generoso reparto, también se incluye a Charlotte Rampling, a Lisa Bonet y hasta al mismísimo Robert de Niro; para mí, es una película de Mickey Rourke, que deja su impronta en todo el metraje, tal y como hacían Bogart, Wayne o Cagney en sus momentos de gloria.

Siempre me cayó bien ese actor kamikaze, uno de los pocos tipos con personalidad que nos dio el cine americano en los años ochenta. ¿Es casualidad que en “Manhattan Sur” se pasara la película repitiendo “soy polaco” y en “El corazón del Ángel” apelara continuamente a su Brooklyn natal, con idéntica capacidad de convicción? ¿No fue un inmejorable Chico de la Moto y, en “Barfly”, no consiguió emocionarnos a todos, representando a Charles Bukowski?

Por eso, lo mejor de “Sin city”, con mucha diferencia, es que nos haya devuelto a un Mickey Rourke en plena forma, con sus músculos de boxeador, su cara pendenciera y sus michelines de vividor.

Pero volvamos al Nueva York de posguerra en que arranca “Angel's heart”, una de las películas más negras de los ochenta. Negra tanto por continente como por contenido. Decía Alan Parker en una entrevista incluida en el DVD que siempre le había gustado hacer cosas diferentes y que nunca había rodado un thriller. Por eso, su intención fue rodar una buena película de misterio. Y bien que lo consiguió.

El punto de partida de la película está en una novela tan sugerente como adictiva: “Fallen Angel” de William Hjörstberg, en la que, con un ritmo trepidante, se contaba el descenso a los infiernos de un detective privado que era contratado por un enigmático cliente para buscar a Johnny Favourite, un cantante de blues desaparecido tras la guerra.

¿Quién era Johnny Favourite? ¿Qué misterio acompaña a su extraña desaparición de un hospital para veteranos de guerra? En sus pesquisas, Harry Ángel ha de recorrer las intrincadas calles de Harlem en que unos pseudolíderes religiosos hacen su agosto a costa de unos cuantos incautos que no dudan en abrir sus bolsos y sus carteras a ritmo de góspel, un barrio en que los afroamericanos mantienen vivos antiguos ritos atávicos y en el que el negro de la muerte y el rojo de la sangre terminan dándose la mano más veces de la cuenta. Todo ello, por supuesto, al cadencioso ritmo de un jazz sincopado, tranquilo, repetitivo, amenazante y, sobre todo, de lo más sugerente.

Pero todos los caminos que sigue Harry Ángel conducen al sur profundo, a los pantanos de Louisiana y al Barrio Francés de Nueva Orleans, donde los jóvenes improvisan jazz en las calles mientras los chavales bailan claqué por unos centavos. Sube la temperatura. Si en Nueva York y en Conney Island hacía frío, en el Sur, la humedad empapa de sudor la ropa de los protagonistas.

Nuestro detective, para seguir el rastro de Favourite, ha de ponerse en contacto con sus antiguos compañeros de profesión, directores de orquesta o viejos bluesmen todavía en activo. Como Toots Sweet, que si toca de maravilla con su grupo en el Red Rooster, al calor del cocktail dos hermanas, donde verdaderamente toca como los ángeles es en mitad del bosque, bien entrada la noche, en compañía de los suyos, celebrando un espeluznante rito de vudú en que música y religión comparten el protagonismo.

La estética de “El corazón del Ángel” es decididamente noir. Como dice Alna Parker, sin necesidad de estar rodada en blanco y negro, su diseño de producción consigue que los efectos visuales nos transporten a la edad de oro del cine negro americano: los coches, los bares, las cafeterías, los interiores de los apartamentos, la estética del propio Rourke... y la música.

Porque en “El corazón del Ángel” la música está en el centro de la trama. (En el hipotético caso de que el lector no haya visto la película, que se salte este párrafo) La historia de este Ángel Caído no es sino una revisión en clave policíaca de uno de los grandes mitos del blues: Robert Johnson, de quién se rumoreó, y aún se especula, que vendió su alma al diablo a cambio del éxito en el mundo de la música.

Una película, “El corazón del Ángel”, que permanece grabada en el disco duro del espectador como un clásico del género negro más desesperanzado, ácido y cruel, con secuencias impactantes, un ritmo endiablado, una música fascinante y algunas frases memorables.

Como el diálogo final con el policía obeso de Nueva Orleans:

-Arderás por esto, Ángel.
-Lo sé. En el infierno.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros

El corazón del Ángel
Director: Alan Parker

Título original:
Angel´s Heart (1987)

 

 

 

 
©2005-2007 Revista de Jazz. Un proyecto de la Asociación GranadaJazz. Derechos Reservados