Dedicada al Irreverendo y enciclopedista Álex,
Que me animó a leerla.
No había leído nada de Marc Behm y, cuando falleció el pasado año en Fort-Mahon-Plage, ni me hice eco de su muerte. De hecho, no sabía nada de este autor. Lo que dice francamente poco de mí, sinceramente.
Cuando vi los “Clásicos novela negra” que acaban de ser reeditados por RBA y andaba dándole vueltas a cuál de ellos leer, aunque me había gustado especialmente el estupendo prólogo de Paco Camarasa para la novela de Behm, estaba a punto de elegir la novela de Lawrence Block, todo un clásico.
Hasta que leí las palabras de Álex Romero: “¡Qué grande era Marc Behm! Jesús, cuando coincidas con Taibo II, pínchale para que desentierre más inéditos de Behm si los hubiere; por desgracia, el hombre murió el verano pasado sin que nadie se enterase y no me resigno a quedarme con "Hurler a la lune" como última entrega de su autor. Si no los hay, me conformaría con poder dar a leer a los amigos, en castellano, alguna de esas novelas irrepetibles que causaron sensación en Francia y ni siquiera llegaron a publicarse en su inglés original. Merece ser muchísimo más conocido.”
Lo tuve claro. Había que leer “La mirada del observador”. ¡Y qué descubrimiento! Desde el principio, un personaje llamado el Ojo, que trabaja en una gran compañía de detectives con cientos de empleados repartidos todas las grandes ciudades de los Estados Unidos, nos resulta atractivo y singular. Le encargan un caso: seguir al joven cachorro, heredero de un emporio empresarial de carácter familiar que anda liado con una chica cualquiera. ¿Será ella de fiar? ¿Va en serio lo de su rollo? ¿Quién es ella?
El caso es que comienza a seguir al muchacho y la cosa, claro, se complica. Pero mucho. Y desde muy pronto. Porque los tortolitos se casan. Y porque la chica, en la noche de bodas, mata al chico, le roba su dinero y se marcha... a encontrarse con otro individuo con el que se casa y al que también mata.
Podría alguien pensar, al leer estas indicaciones, que hemos reventado la novela. Pero es que todo ello acaece en las treinta primeras páginas de una edición de bolsillo de trescientas sesenta.
Porque es la historia del Ojo y su relación con la chica de los mil nombres la que ocupa una narración hipnótica y alucinada, obsesiva, angustiosa, adictiva. Marc Behm vincula a las dos figuras de forma irremediable. El Ojo comenzará a seguir a Joanna a todo lo largo y lo ancho de los Estados Unidos y de México. Al principio, se limita a observar, como boyeur imparcial. Después, su relación irá más allá y la ayudará a salir con bien en algunas de sus tropelías, pero siempre desde las sombras.
¿Por qué?
Ésa es la cuestión.
Todo puede tener que ver con una canción. Con un estándar del jazz, con un clásico atemporal, “La Paloma”, compuesta por el maestro Iradier en 1861, tras un viaje a Cuba y que ha sido grabada, arreglada e interpretada miles de veces. De hecho y aunque oficialmente el “Yesterday” de los Beatles es la canción más grabada de la historia, con alrededor de 1.600 grabaciones, se calcula que “La Paloma” puede haber sido registrada hasta en 5.000 ocasiones, apareciendo en películas clásicas del género negro como “El Padrino II”.
“La Paloma” sellará el destino de Joanna y del Ojo, en una relación de entrega mutua y total, sin límites espaciales ni temporales. No sabemos si será casual, pero un tal Paul Auster, que vivió en Francia, como Behm, escribiría unos años después de la publicación de “La mirada del observador” su famosa “Trilogía de Nueva York” en la que los detectives privados terminan yendo mucho más allá de lo que el deber les exige.
Una novela visionaria y extraordinaria que nos descubre a un autor prodigioso del que, esperamos, se sigan reeditando sus obras en España.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros
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La mirada del observador
Marc Behm
R.B.A. Libros
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