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ECINE

 

 

 

 

 

Si por alguna razón me tuviera que ir a vivir a Bangkok, me encantaría conocer a Vincent Calvino y, desde luego, haría todo lo posible por ser su amigo. De hecho, me gustaría ser colega de Calvino aunque no me tuviera que exiliar a la fascinante, peligrosa y atractiva capital de Tailandia.

Porque el bueno de Vinee es uno de esos personajes de una pieza con los que es imposible no sintonizar casi, casi desde el primer momento. Un detective privado al que, en “Kickboxing en Nirvana” le encargan un caso de libro: determinar quién y porque mató a Ben Hoadly, uno de esos ingleses expatriados que, en el turbio mundo del Bangkok profundo, parecía moverse como pez en el agua.

En su búsqueda del asesino de Hoadly, el inmediato y, sobre todo, el mediato, cuyo descubrimiento sería la única forma de entender porque alguien le pegó un tiro al rubicundo inglés, Calvino no estará solo.

Por una parte, contará con la complicidad y el apoyo de Kiko, una amiga japonesa que pretende ayudar a los jóvenes descarriados que se dejan cegar por el oro fácil del tráfico de drogas y la prostitución y, por otra, con la inestimable ayuda de un oficial de la policía Tailandesa, el coronel Pratt, alter ego de Calvino, cuya máxima en la vida es una de esas divisas que no se olvidan: “La acción es elocuencia.”

Un triángulo inolvidable que unirá sus fuerzas no sólo para desenmarañar el caso encargado al detective, sino para profundizar en los claroscuros y las contradicciones de una de las sociedades más corruptas que existen sobre la tierra.

A través de una narración que combina sabiamente lo descriptivo de un mundo tan fascinante como aterrador con la acción inherente a la más vibrante novela negra, Christopher G. Moore demuestra en la segunda aventura protagonizada por Calvino por qué el Jefe Taibo le entregó el Premio Especial de la Semana Negra del 2007 a “Hora cero en Phnom Penh”, de la que tanto y tan bien hablamos en su momento.

Dejando aparte el recorrido tan completo que Moore nos lleva a hacer por el rostro más vicioso de la que, de por sí, es una de las ciudades más viciosas del mundo; lo que más me gusta de “Kickboxing en Nirvana” es la relación que se establece entre sus tres protagonistas. El cariño y el respeto con que Calvino trata a Kiko. La lealtad insoslayable de ésta para con el detective y, siempre un paso atrás, como en la sombra, velando las espaldas de ambos, Pratt, uno de esos policías que luchan denodadamente por no dejarse vencer por la galopante corrupción que, como un nauseabundo Rey Midas, convierte en mierda todo lo que toca: “preguntar si hay corrupción en Tailandia es como preguntar si hay masa en una panadería”.

Pratt, un policía de vocación que conoció a Vinee muy lejos, cuando ambos estaban en los Estados Unidos. Una amistad que se remontaba a “los tiempos de Nueva York, cuando pasaban el rato en el Village, escuchando jazz en el Blue Note, o tomando copas en algún bar, donde Calvino a veces convencía a Pratt de que tocase el saxo” .

Porque una de las cualidades del policía tailandés es que, cuando las cosas van mal, se encierra en casa a tocar el saxo, de forma ininterrumpida, durante horas y horas. Como aquella noche que salieron por el Village. “En un club, Pratt tocó el saxo con profunda emoción. Un jazz triste de me-he-metido-en-un-lío-del-copón.” Porque la música, además de ser terapéutica, es como la cara de las personas: el mejor espejo de su alma. “Un saxo tenor ululaba quejumbroso en la lontananza. Los riff de “East river drive” acompasaban la noche cálida como un réquiem...

¿Cuánto tiempo lleva tocando?

Unas dos horas.

Señal de que hay problemas.”

“Kickboxin en Nirvana” es una novela extraordinaria que presenta a unos personajes a los que te gustaría conocer en la realidad de tu vida, con los que te encantaría trabar amistad, salir de copas e invitarlos a cenar a tu casa. Kiko, Calvino, Pratt... personajes a los que felizmente uno ya nunca olvidará.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros

 

Kickboxing en Nirvana
Christopher G. Moore

EDICIONES PAIDOS IBERICA

 

 

 

 
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