BANGKOK 8
Una de las grandes enseñanzas de mi maestro y amigo Manuel Villar es la de, cuando sales de viaje, llevarte libros sobre el lugar que vas a visitar y leerlos in situ. No tanto guías de viajes cuanto novelas ambientadas en el país de destino. Por eso, cuando me fui a Tailandia, en la mochila llevaba una edición de bolsillo de “Bangkok 8”, de John Burdett, editado por Roca editorial, cuya “Bangkok tatoo” ya me fascinara enormemente en su momento.
Y por eso, cuando estaba en un bar de la zona de Khaosan Road, escuchando a un cincuentón inglés tocar la harmónica y escuchar clásicos del blues, mientras me tomaba unos mojitos helados, fui consciente de los efectos colaterales de la globalización. Efectos colaterales que, por supuesto, alcanzan al mundo del crimen. Digámoslo claro: nunca se ha delinquido tanto y tan bien como ahora que el mundo está interconectado.
Y si no, que le pregunten, por ejemplo, a Sonchai, uno de los pocos polis incorruptibles de la muy violenta y surrealista Bangkok, la ciudad de los templos y los burdeles. A su compañero lo mataron cuando andaban investigando el asesinato de un Marine americano... a manos de unas cuantas cobras que se encontraron en su coche. Y Sonchai juró venganza. Pero no una venganza cualquiera. Una venganza cósmica, de las que trasciende tiempo y espacio.
A partir de ahí, Sonchai irá avanzando en la investigación utilizando no sólo su extraordinaria capacidad deductiva sino también su especial comprensión de la mística oriental que preside la vida de Tailandia y, por supuesto, el excelente conocimiento que, gracias a la ex-profesión de su madre, prostituta, tiene del mundo del comercio del sexo en Bangkok, auténtico nexo de unión de todas las personas que residen en una de las ciudades más corruptas del mundo.
Resulta de lo más ilustrativo leer las páginas que Burdett dedica al Barrio Rojo de Pat Pong después de haberte dado una vuelta por sus calles oscuras y haber recibido innumerables ofertas para presenciar los célebres y sórdidos “Ping pong shows” o “Banana shows” o para disfrutar de un sensual masaje tailandés, con o sin final feliz . Y es que la facturación anual de la industria del sexo es casi el doble del presupuesto anual del gobierno tailandés, ahí es nada.
Y luego están, por supuesto, los transexuales, los célebres katoy, no en vano, en Tailandia se encuentran las más prestigiosas clínicas especializadas en cambio de sexo. Porque nada es eterno y todo es susceptible de mutar, como Sonchai se encargará de descubrir en su atípica, pero impecable y magistralmente narrada investigación.
¿Quién era el Marine muerto? ¿Por qué vivía un farang en una tradicional casa de madera de teca, de estilo tradicional tailandés y qué lo vinculaba al señor Warren, uno de los tratantes de jade más conocidos del mundo? Jade. El oro chino. El Yú cuyas tres cualidades esenciales, según Confucio, son “virtud, belleza y rareza”, lo que convierte al jade en un auténtico tesoro capaz de despertar las pasiones más irracionales del mundo.
Y nos queda Fátima, claro.
“Acabamos en el bar Bamboo, el local de jazz más famoso del Hotel Oriental... los margaritas están perfectos con hielo viscoso, la sal reluciente en el borde de los vasos anchos, dosis generosas de tequila... el maitre anuncia a “la incomparable, la espectacular, la absolutamente magnífica Orquídea Negra”. Aplausos entusiastas de las manos ancianas del público, la reducida banda toca un par de compases y ella entra en escena.
La canción tenía que ser Bye Bye Blackbird , ¿no creéis? Puede que sea cursi, pero también es maravillosa, y la entona con una profunda melancolía que no había escuchado nunca. Jones disfruta de la sorpresa que refleja mi rostro.
- No lo hace mal. No es una profesional, por supuesto, y oír jazz fuera de Estados Unidos siempre es bastante decepcionante, pero no lo hace mal.
Me doy cuenta de que Jones no tiene oído para apreciar un timbre específico de la voz de Fátima. Vamos a llamarlo corazón: prende el fuego, enciende la luz, esta noche llegaré tarde, mirlo, adiós .
No vamos a llamarlo corazón. El sonido que emite es el sonido que producen los corazones cuando se han roto y los fragmentos se disuelven en la tristeza inconsolable del universo. Puede que la facultad de oírlo sea el único privilegio que tienen los que no poseen nada en absoluto.
- No – digo, y bebo un sorbo del margarita -, no es tan buena como una americana, pero no lo hace mal.”
Jesús Lens Espinosa de los Monteros